viernes, 3 de febrero de 2012

EL DIA QUE CHILE PRETENDIÓ ENVENENAR EL AGUA DE BUENOS AIRES


La existencia de armas químicas de enorme potencial mortífero y del núcleo de inteligencia más secreto de la dictadura de Pinochet, quedaron al descubierto en Chile luego de que  fueran procesados dos ex jefes de inteligencia militar y dos miembros de la seguridad personal del ex dictador como responsables del asesinato de Eugenio Berríos, el químico de la policía secreta (DINA) que se ufanaba de que podía hacer desaparecer a los habitantes de Buenos Aires en sólo dos horas
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Berríos fue asesinado en abril de 1995, luego de haber sido ocultado por militares de ese país —en octubre de 1991— para escapar de la justicia chilena. La investigación revela que por lo menos tres oficiales uruguayos —dos de ellos en actividad— participaron en el secuestro y asesinato del químico.

Pero también repercutió en Argentina, ya que la investigaciónl reveló que Berríos fue sacado de Chile en 1991 —cuando un juez que investigaba los crímenes de la DINA ordenaba su aprehensión—, para impedir que se conocieran las armas químicas y las toxinas que el ex agente elaboró
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"Este engendro (Berríos) entregó algunas ventajas bélicas a Chile que fueron eficientes y efectivas.En 1978, cuando estuvimos al borde de la guerra por el Canal Beagle y las Islas Picton,Lennox y Nueva, equpó a las tropas chilenas con gas sarín para exterminar en cuestion de segundos a toda la tropa argentina que desembarcara en las islas y del mismo modo planificó tras la orden de Pinochet el en venenamiento de el agua potable de Buenos Aires para aniquilar el mayor porcentaje de población argentina. Berríos solía jactarse de poder hacer desaparecer Buenos Aires con un sólo franquito de chanel en donde guardaba su mortifera arma.

Los oficiales del ejército uruguayo que administraron la estadía clandestina de Berríos en ese país, manifestaban gran "odio por sus pares argentinos", también habrían comenzado a explotar los conocimientos de Berríos para aumentar su potencial bélico.

Hasta ahora sólo se sabía con alguna certeza que la DINA elaboró gas Sarín en un laboratorio en Lo Curro, Santiago, bajo la dirección de Berríos. El Sarín, fabricado por los nazis, ataca el sistema nervioso y provoca un paro cardíaco sin dejar huellas. Lo usó la secta "Verdad Suprema" en un atentado en el Metro de Tokio, en marzo de 1995, que dejó 12 muertos y 6 mil heridos.

Otro de los secretos que portaba Berríos era qué se hizo con el Sarín luego de que en 1978 los contenedores con la carga mortal fueran trasladados al Complejo Químico e Industrial del ejército, en Talagante, al sur de Santiago. Según el estadounidense Saúl Landau, quien investiga la DINA desde 1976, cuando sus agentes asesinaron a Orlando Letelier, ex canciller de Salvador Allende en Washington, "a la CIA le preocupó mucho la producción de Sarín en Chile, pues este gas constituye una amenaza internacional ya que no se puede destruir. ¿Quién lo tiene ahora? Esa es la pregunta. Hay rumores de que el régimen de Pinochet lo vendió a Irak en los años 80. Y también hay quien dice que los israelíes tenían interés en comprarlo y que se preocuparon, al menos, de saber dónde estaba".

 En ese cuadro vuelve a cobrar importancia la extraña muerte del otro hombre que sabía del Sarín: el coronel Gerardo Hubert, ex agente operativo de la DINA, quien apareció muerto en enero de 1992, el mismo año que desaparece Berríos, después de haber sido involucrado en un tráfico de armas a Croacia.

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